El psicoanálisis es el método de investigación y tratamiento de los síntomas de un sujeto creado por Sigmund Freud y reformulado por el Dr. Jacques Lacan.
Que sea una práctica clínica, fundamentada en el discurso del sujeto y la escucha e interpretación psicoanalíticas, que tiene en cuenta la dimensión inconsciente, la distingue radicalmente de todas las otras terapias.
A diferencia de las psicologías, la psiquiatría, las terapias de orientación espiritual y místicas, el coaching y las filosofías prácticas que ofrecen los libros de autoayuda, que operan mediante la sugestión, la imposición de la ideología y los consejos del terapeuta-gurú, y con psicofármacos u otros tóxicos, imaginando que así se restablecerá el supuesto equilibrio o buen funcionamiento de un cerebro disfuncional, se conectará con una imaginaria esencia o causa traumática, y/o se rectificará una conducta o manera de pensar que consideran anormales, el psicoanálisis pone en cuestión la creencia en que la causa del síntoma es biológica, ambiental, o determinada por supuestos déficits del Yo, la consciencia, el pensamiento, la educación y el cuerpo, algún ente o energía espiritual, etc., para dar la palabra a aquel que demanda curación. Solo así, y mediante la escucha psicoanalítica y el acto digno de ese nombre, se puede llegar a la verdadera causa del síntoma, y por lo tanto a su disolución, un síntoma constituido en la historia, la novela familiar en palabras de Freud, una verdad-causa que, por ser inconsciente, es inaccesible para la misma persona que lo sufre.
Dado que el síntoma tiene relación con la historia no sabida por el Yo-pensamiento consciente de una persona, y más concretamente con la historia de la estructuración subjetiva, en psicoanálisis no se hacen diagnósticos al estilo de las nomenclaturas psiquiátricas y psicológicas. Es decir, no existe ninguna etiqueta específica para nombrar el síntoma, siempre singular, de cada una de las personas que demandan curación, aunque en los manuales de psiquiatría, y en el discurso de las personas que sufren de algo, y que han sido diagnosticadas o auto-diagnosticadas, aparecen muchos de estos términos diagnósticos. Mas conviene subrayar que esto, en muchas ocasiones, no solo no es orientativo sino que podría ser contraproducente, dado que un diagnóstico puede cerrar el cuestionamiento, bloquear el pensamiento, alimentar la resignación de que yo soy así y, por ese motivo, obstaculizar la posibilidad de la demanda de curación y el tratamiento que puede disolver el síntoma. No obstante, y sin olvidar la anterior indicación, en la página web se han puesto algunas de las etiquetas que son reconocibles por muchos en la medida que tal vez su consulta empieza con uno de esos términos que, en su definición estandarizada, no contempla la singularidad de cada uno.
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Jordi Fernández Carmona. Psicoanalista y presidente de la Asociación de Psicoanálisis ULP-Gi:
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