Josep Pou entrevista a Jordi Fernández, psicoanalista y presidente de la Asociación de Psicoanálisis de Girona ULP-Gi. 

Buenas tardes. Soy Josep Pou. Trabajo como psiquiatra infantojuvenil en la provincia de Girona. Soy lector de Freud y Lacan, y analizante en la Asociación de Psicoanálisis de Girona ULP-Gi. Me licencié en Medicina el año 2015, en la Universidad Autónoma de Barcelona, y posteriormente hice Médico Especialista en Psiquiatría de Adultos e Infantojuvenil en el Hospital Santa Catarina (Girona).

 

 

INTRO

Con esta entrevista inauguro un espacio en el que se abordarán los problemas de los adolescentes. Antes de hablar con los agentes sociales que trabajan con adolescentes voy a entrevistar a un psicoanalista. Por varios motivos:

 

  • dar cuenta de lo que es el psicoanálisis y lo que aporta al conocimiento sobre el ser humano en general y el adolescente en particular;
  • reflexionar sobre la incidencia de los discursos e ideales de la época en las personas;
  • comentar la repercusión en los niños y adolescentes de las nuevas estructuras familiares y de los distintos roles de los padres y madres respecto al modelo de familia tradicional;
  • establecer las diferencias entre el psicoanálisis y las otras terapias;
  • discutir sobre la situación del psicoanálisis en Girona y en España;
  • plantear qué hacer para dar a conocer el psicoanálisis a todas las personas interesadas por las cuestiones humanas, la salud mental y las distintas maneras de intervenir en personas.

Es decir, esta primera entrevista tiene como objetivo introducir algunos elementos fundamentales sobre el psicoanálisis y los adolescentes que pienso nos permitirán entender mejor qué aportan otras disciplinas y enfoques al tratamiento de los adolescentes.

 

Con este propósito, hoy entrevistaré a Jordi Fernández, psicoanalista y presidente de la Asociación de Psicoanálisis de Girona ULP-Gi. Jordi empezó su formación como psicoanalista en el año 1997, en el Centro de Estudios Freudianos de Girona, con el psicoanalista Dr. José Miguel Pueyo. El Dr. Pueyo es autor de dos libros muy importantes para los interesados en el psicoanálisis, en la historia de la cultura, en la historia de los tratamientos de las enfermedades mentales, en la filosofía, en la pedagogía, en el derecho, en la sociología, en la posmodernidad en la que hemos nacido y en la hipermodernidad a la cual nos dirigimos, etc., a saber: La histeria. Del discurso del amo al discurso del psicoanalista, y La otra escena de la corrupción. Además de haber colaborado en esos libros, Jordi Fernández, junto con otros miembros del Centro de Estudios Freudianos de Girona que también estuvieron en formación psicoanalítica, siempre bajo la supervisión y dirección del Dr. Pueyo, ha dado decenas de conferencias en Girona, en Barcelona, y en otros lugares de España, como por ejemplo en Madrid. Jordi Fernández es conocido también por haber escrito decenas de artículos, publicados en revistas varias, periódicos, en la revista de psicoanálisis y cultura Lathouses, y en la página web de la Asociación de Psicoanálisis de Girona ULP-Gi, y ha sido entrevistado y participado en programas de televisión y radio. A esa dilatada trayectoria intelectual y pública, que articula el análisis personal, el estudio de filosofía, psicología y filología hispánica en la universidad, la lectura de los textos imprescindibles y fundamentales tanto de psicoanálisis como de lingüística, filosofía, historia, sociología, política, religión y literatura universal, sin olvidar la escritura y sus intervenciones públicas, hay que añadir, a fecha de hoy, sus casi diez años de experiencia clínica como psicoanalista.

Josep Pou: Buenas tardes, Jordi. Agradezco su amable disposición para responder a algunas preguntas. La primera pregunta que me gustaría formularle, para introducir a los oyentes qué es el psicoanálisis, es la siguiente: ¿por qué muchas personas creen que el psicoanálisis es una disciplina arcaica?

 

Jordi Fernández: En la pregunta usted ya contesta en parte. Antes de preguntar en qué consiste el psicoanálisis, y qué ha descubierto sobre el ser humano, para luego discutir con datos y argumentos si sigue siendo válido, o si, por el contrario, nuevos descubrimientos y conocimientos lo dejan obsoleto, parcial o totalmente, usted trae a colación un prejuicio, que el psicoanálisis es arcaico. Otro prejuicio afirma que el psicoanálisis no es científico. La cuestión es que algunas personas se identifican a estos prejuicios sin pensar, sin contrastarlos empíricamente, ni haberlos trabajado desde la siempre recomendable duda metódica. Lo más preocupante es cuando esto ocurre en el ámbito universitario, es decir, cuando los alumnos repiten como loros de feria los prejuicios de no pocos profesores universitarios. Aunque, claro está, hay que cargar las tintas con el profesor cuando abusa de su posición de poder incurriendo en la peor de las corrupciones, que es la intelectual.

 

Por otra parte, no descubro nada si digo que, en la actualidad, cualquier objeto es antiguo y obsoleto nada más comprado, lo que introduce una lógica consumista e irreflexiva, absolutamente loca, que solo beneficia al capitalista neoliberal. Tampoco descubro nada si explico que, en nuestros días, las cosas se fabrican pensando más en la obsolescencia programada que en la calidad y durabilidad. Electrodomésticos que se estropean en 3 o 5 años, muebles de cartón, gadgets tecnológicos que ya no se pueden actualizar ni utilizar con las apps nuevas y/o actualizadas. Esta lógica también determina, como no podría ser de otra manera, las relaciones personales, cada vez más efímeras e insustanciales, y, cómo no, las terapias que ofrece el mercado de la cultura. Y, como consecuencia de esa lógica diabólica, determinada entre otros factores por el declive de la Función Simbólica del Padre, el deseo del amo neoliberal y la gula del superyó, nos encontramos a esos supuestos críticos del psicoanálisis, bien ignorantes ellos respecto a los descubrimientos y formalizaciones teóricas hechos por el Psicoanálisis en sus casi 130 años de historia, haciendo mandalas y yoga, o recurriendo a trasnochados ideales de filosofías prácticas como el estoicismo, o siguiendo las directrices y principios del coaching y la psicología cognitivo-conductual, que nada dicen sobre las cuestiones fundamentales del ser humano, de cómo se ha conformado su subjetividad, ni de los discursos dominantes en la época actual, ni del lugar que ocupa el sujeto humano en el mundo. Aunque cada uno se emborracha con lo que quiere o puede, y ya sabemos que cada vez los hay más que se conforman en la borrachera de botellón en un polígono industrial.

Josep Pou: Los jóvenes que empiezan a formarse en psicología escogen ramas como la cognitivo-conductual, la terapia sistémica, las constelaciones familiares, etc., sin plantearse siquiera la opción del psicoanálisis. ¿Qué diferencia hay entre el psicoanálisis y las ramas de la psicología?

 

Jordi Fernández: Huelga decir, en primer lugar, que, en España, no así en otros países que todavía hoy conceden importancia, recursos económicos, tiempo y espacio a la cultura y a la formación intelectual, como Francia, Inglaterra, Italia o Alemania, en las facultades de psicología, filosofía, pedagogía y medicina no se hacen apenas referencias al psicoanálisis. En Estados Unidos, por su modelo económico, social y político, optaron por privilegiar la enseñanza de la psicología cognitivo-conductual, que sirve mejor al propósito de la ideología dominante y no pone en cuestión ni ese poder ni el lugar del sujeto en la sociedad. Como es sabido, los fundamentos de la psicología cognitivo-conductual son la neurofisiología animal, la etología y la estadística. Esto se adapta a la perfección a los intereses de las empresas en economías neoliberales. En España, cuando se decidió el contenido de las licenciaturas de psicología y servicios sociales teníamos como jefe del estado al dictador Generalísimo Francisco Franco y a sus ministros, que implementaron el modelo norteamericano por razones obvias, como apunté justo antes, un modelo que todavía no han podido ni sabido superar los actuales responsables del currículum académico de esas disciplinas. Habría que preguntarse a quiénes y por qué les interesa que esto siga así. No obstante, cuando alguien bien preparado les explica adecuadamente a los estudiantes los descubrimientos hechos por el psicoanálisis, enseguida se entusiasman, porque entienden que el psicoanálisis da respuesta a lo que no alcanzan los modelos mecanicistas y etológicos, que son bastante pobres y limitados para dar cuenta del ser humano y de todos los constructos creados por él, constructos, en fin, que conforman eso que llamamos la cultura, incluidas las instituciones en las que ésta descansa. Es decir, los jóvenes, cuando están animados por el deseo de saber y pueden escoger, suelen preferir estudiar psicoanálisis que psicología cognitivo-conductual, aunque también es importante conocer en qué consisten las otras disciplinas y las ramas de la psicología que se ocupan del ser humano, sobre todo para no caer en los mismos errores una y otra vez. El problema, una vez más, lo tienen los jóvenes estudiantes cuando no pueden escoger otras opciones, porque el sistema no se las da. Es un problema que siempre ha afectado a todos los jóvenes del mundo, y muy pocos pueden permitirse cambiar de país para formarse mejor. La mayoría de personas, quizá sin saberlo, están destinadas a lo peor por el simple hecho de haber nacido en una familia y lugar determinado.

 

Respecto a las diferencias entre el psicoanálisis y todas las otras disciplinas que se ocupan de una u otra manera del ser humano, como la psicología cognitivo-conductual por la que usted me preguntó, podría resumirlo en que el psicoanálisis es la única disciplina que tiene en cuenta la dimensión inconsciente del sujeto humano descubierta por Sigmund Freud a finales del siglo XIX. Pero, ¿qué es eso del inconsciente? El inconsciente lo podemos explicar como la dimensión lingüístico-estructural, imaginaria y pulsional que determina la consciencia, la voluntad, el Yo, el pensamiento, el discurso y el deseo de todas y cada una de las personas que pueblan el mundo. Las limitaciones de todas las otras concepciones del ser humano, y de las propuestas filosóficas y terapéuticas para sofocar su malestar estructural, vienen precisamente por ignorar lo más importante de las personas, la dimensión inconsciente, conformada en la historia, siempre singular, de cada uno de los hablante-seres, y de la falta que nos caracteriza, para bien o para mal .

Josep Pou: Lo que a mí me generó especial interés del psicoanálisis es que, a diferencia de otras disciplinas, tiene como condición sine qua non, para autorizarte como psicoanalista, el análisis personal. ¿Qué cree usted que impide a profesionales de otras disciplinas advertir o aplicar este principio?

 

Jordi Fernández: Lacan lo dijo magistralmente a su manera: «¿Quién se analiza hoy? Nadie.» Esto hay que entenderlo a la letra. El sistema universitario actual da prioridad al sistema tradicional de enseñanza consistente en memorizar y repetir, y cuanto mejor repites, mejores nota sacas. Y luego te incita a cursar másteres, cursillos carísimos que en la mayoría de los casos solo benefician económicamente a quienes los imparten, pero que poco o nada aportan al sacrificado estudiante. En el ámbito empresarial un máster puede abrirte, en ocasiones, las puertas de una gran empresa, pero en el ámbito de la salud mental un máster no contribuye en absoluto a que el futuro psicoterapeuta escuche mejor y a que pueda intervenir desde una posición no ideológica, sin las interferencias de sus propios traumas, síntomas, prejuicios, creencias e identificaciones. Cuando eso ocurre, y es lo habitual en los profesionales de la salud mental que no se han analizado, la escucha y la intervención es cualquier cosa menos terapéutica para los pacientes. Peor aún es cuando la respuesta a un síntoma psicopatológico es un medicamento, aunque en algún caso puede ser más útil y estético que una mordaza y una camisa de fuerza. Pero, ¿quién con el poder de recetar y decidir sobre la vida de los demás tiene la humildad de reconocer aquello que no está bien en él mismo y, en consecuencia, tiene la valentía de confrontarlo con un psicoanalista y analizarlo? La cruda realidad es que pocos, muy pocos.

Josep Pou: Muy interesante y a tener en cuenta todo lo que nos dice. Tomamos nota. En este sentido, es decir, para promover el interés intelectual y epistémico de los estudiantes y de las personas interesadas en las cuestiones humanas, ¿qué le parece a usted este blog, y su manera de conseguirlo, esto es, no traer a expertos en la materia sino a “gente de a pie”?

 

Jordi Fernández: Todo lo que sea promover el deseo por el conocimiento y el espíritu crítico me parece bien. Aunque conviene recordar al Freud que advirtió que la política, el psicoanálisis y la pedagogía eran profesiones imposibles. Sin entrar en los fundamentos y el sentido de esta afirmación que hiciera el padre del psicoanálisis, verificada a diario por todos los que estamos en el campo freudiano, y sufrida cada día más por muchos profesores entusiastas y bienintencionados que chocan todos los días contra el muro de la realidad ordinaria, añadiría que explicar de manera accesible y teniendo en cuenta la subjetividad de la época está muy bien, siempre y cuando no se pierda el rigor epistemológico. El conocimiento tiene que ser deseable, y por eso mismo no puede ser papilla trituradita bien dispuesta para engullir. El conocimiento requiere trabajo, aunque ya sabemos que cada vez gusta menos trabajar. Tampoco podemos caer en los síntomas de la época, más bien introducir lo necesario para que los adormilados despierten de su sueño antes de que sea una pesadilla sin solución.

Josep Pou: Una crítica que hago a las instituciones de psicoanálisis y a los profesionales que se dedican a ello, que en alguna ocasión he tenido la oportunidad de comentar con usted, es lo poco que hacen para dar a conocer a los jóvenes la ciencia de la subjetividad que es el psicoanálisis. Es decir, que parece que se queda en los libros y en el dispositivo clínico. Yo mismo, incluso dedicándome a la salud mental, he tardado años en tener contacto con el psicoanálisis. Además de no estar integrado en las formaciones educativas de nuestro país también creo que no se siguen las estrategias de divulgación adecuadas por parte de los psicoanalistas, quedándose en ocasiones en fórmulas teóricas difíciles de entender y que, por esa razón, no generan interés. ¿Qué cree usted al respecto?

 

Jordi Fernández: En parte tiene usted razón. Pero hay que contextualizar las cosas y conocer mejor la historia y la presencia del psicoanálisis, tanto a nivel local como en el mundo. Es cierto que, en España, a las limitaciones en cultura general, y no me refiero solo a las recientes malas calificaciones de los alumnos españoles en los informes PISA, hay que añadir la poca presencia del psicoanálisis en medios de comunicación y en revistas de cultura y salud. Si usted conduce 90 km en coche y entra a comprar en un supermercado en Perpiñán, no digo ya entrar en una librería o en una biblioteca, advertirá, si echa un vistazo a la zona de libros y revistas de todo tipo, que el psicoanálisis está presente. Y de la misma manera si pone usted la radio o la televisión. Esas graves carencias que padecemos en España tampoco se solucionan mediante la repetición sin sentido de los aforismos de Lacan, o citar sin explicarlas algunas de sus célebres fórmulas y mathemas, recurso de algunos psicoanalistas cuando los entrevistan o escriben artículos dirigidos a un público no especializado y de bajo nivel cultural. Eso, más que promover el deseo de saber y propiciar la divulgación del psicoanálisis introduce una nueva resistencia a las que ya, por narcisismo, tienen no pocas personas. Tampoco ayuda empezar a leer, sin unos conocimientos previos que requieren años de estudio, los Escritos Seminarios de Jacques Lacan, y las Obras Completas de Sigmund Freud. Conviene recordar que muchos de esos textos están dirigidos a psicoanalistas en formación y a los agentes de otras disciplinas y, por consiguiente, su lectura por un lego en las disciplinas que esos textos convocan puede ser incluso contraproducente.

 

En este sentido, repito, el psicoanalista tiene que tener siempre en su horizonte la subjetividad de la época y del lugar en el que habla. Por esa razón tiene que conocer a los jóvenes, y a las personas en general, a quienes se dirige. Y si los jóvenes están en tiktok, en Instagram, en Netflix, en la Realidad Virtual, en el fútbol y los tv shows, en el botellón o en cualesquiera otros lugares y realidades, pues ahí tiene que estar el psicoanalista para decir algo que resuene, y no permanecer siempre en su, si me permite la expresión, zona de confort de la consulta, aunque, como usted ya sabe, la consulta no es precisamente una zona de confort.

Cabe añadir que lo que usted afirma en su pregunta no tiene en cuenta el presente y la historia del psicoanálisis en general, ni el de la ciudad de Girona en la que yo vivo y trabajo. Yo he tenido la fortuna de poder asistir a muchas conferencias y seminarios de psicoanálisis y, asimismo, dar muchas conferencias de psicoanálisis, clínica y cultura. En todas aquellas ocasiones hubo una gran asistencia de público y un animado y vivo interés, como se ponía de manifiesto en las preguntas formuladas por los asistentes y en que, la mayoría de las veces, la jornada se alargaba más de una hora, incluso dos, respecto al horario establecido. Y mientras en la ciudad de Girona nosotros hemos dado varias conferencias al año durante 20 años, usted estuvo en Lloret, ciudad en la que creció, con todo lo que eso implica, o en la facultad de Medicina de Barcelona. Eso marcó su suerte. El azar quiso que usted empezara la residencia en psiquiatría en Girona y, entonces, entró en contacto con otra residente en psiquiatría, que en aquel momento era analizante mío. Si usted hubiese ido a otra ciudad, quién sabe qué haría ahora, quizá ampararse en el sistema y gozar sádicamente administrando medicamentos, que solo sirven para engrosar los ya de por sí enormes beneficios de las farmacéuticas, sin cuestionarse nada. También sabe usted que, si nada lo impide, a medida que vaya terminando los libros en los que estoy trabajando actualmente, Girona volverá a acoger conferencias y cursos de psicoanálisis, solo interrumpidos durante tres años por la pandemia provocada por el covid-19, y por la reorientación de la Asociación de Psicoanálisis de Girona ULP-Gi que tengo el honor de presidir. Y si usted y otras personas interesadas en el psicoanálisis y la cultura hacen aportaciones con artículos, libros, y conferencias, sin duda la presencia del psicoanálisis en nuestra amada ciudad será todavía mayor.

Josep Pou: ¿Piensa entonces que el proyecto que voy a iniciar en breve es una buena opción para tal fin? Y si es así, ¿qué consejos me daría para lograr la mayor calidad epistemológica y ética posible, tanto para los oyentes como para los entrevistados?

 

Jordi Fernández: Mi consejo es humildad, trabajo, ética-del-bien-decir-del-síntoma y análisis con el psicoanalista. Las dificultades que vayan apareciendo, las iremos solventando sobre la marcha. Eso es lo mejor que podemos hacer. El tiempo dirá si el blog alcanza sus objetivos, pero de lo que no debe usted lamentarse es de no haberlo intentado siguiendo esos buenos principios que le he subrayado.

 

Josep Pou: Muchas gracias, Jordi. Agradezco el tiempo que nos ha dedicado. Me hago cargo que aún me queda un largo camino de análisis y formación. Anoto los consejos que me ha dado para enfocar lo mejor posible este proyecto.

 

Jordi Fernández: Muchas gracias a usted por entrevistarme y darme la oportunidad de hablar un poco sobre cuestiones tan interesantes e importantes. Hasta una próxima ocasión.

 

Girona, diciembre de 2023