Sin diván

 

Josep Maria Esquirol, un curioso (tal vez) Premio Nacional de Ensayo

 

El pasado miércoles 18 de enero de 2017 se constató, una vez más, que el ámbito de las humanidades es sumamente trivial al margen de los descubrimientos del psicoanálisis, y que los títulos y premios, como es conocido, no significa entender ni ser merecedor de ellos. Estas evidencias cobran máxima importancia en el ámbito psicoanalítico, entre otros aspectos destacables porque la memorización de un determinado corpus teórico o superar un examen al uso no autoriza al psicoanalista. El requisito sine qua non para devenir psicoanalista es el análisis personal, única garantía de poner entre paréntesis los prejuicios que caracterizan a la moral de los ideales en el tratamiento de un determinado asunto. Dicho de otra manera, la lectura, siendo un requisito necesario para no pocos menesteres, no elimina, a diferencia de la cura psicoanalítica, los prejuicios, la impostura y el desconocimiento de los factores que estructuran una disciplina o saber.

 

Sobre la presentación del ciclo La filosofía y el sentido de la vida

El presentador del ciclo La filosofía y el sentido de la vida, organizado en CaixaForum Girona, Oriol Ponsatí-Murlà (Figueres, 1978), doctor en Filosofía por la Universitat de Girona y profesor de filosofía antigua desde el 2008 en la misma Universidad, –subrayó, no sabemos a cuento de qué– que la filosofía catalana tenía un referente de primer orden en el filósofo cristiano-personalista y fundador de la revista Esprit, Emmanuel Mounier (Grenoble, 1 de abril de 1905 - Châtenay-Malabry, 22 de marzo de 1950), de quien dijo, para más inri, que el ex presidente de la Generalitat de Catalunya, Jordi Pujol, era uno de sus más emblemáticos representantes. Subrayable es que después de la loa inicial, Ponsatí no interviniese tras la ponencia de Josep María Esquirol para plantear algún aspecto de la ponencia.

 

¿Cómo justificar el premio Nacional de Ensayo 2016?

Quien ha sido premiado con el Premio Nacional de Ensayo 2016, galardón otorgado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, y dotado con la exigua cantidad de 20.000 euros, por la obra La resistencia íntima: ensayo de una filosofía de la proximidad (Acantilado. Barcelona: 2015), tuvo la inquietante ocurrencia, entre otras, de afirmar que él suprimiría las Facultades de Sociología. Ambiguo fue, contrariamente, respecto a los autores en los que apoyó su discurso, y no es menos grave que presentara antiquísimas ideas morales ha tiempo superadas como si fuesen un valioso y novedoso hallazgo.

 

El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y el Premio Nacional de Ensayo

¿Cómo justificar que el primer premio nacional que el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte concede tras el desbloqueo por parte del Ministerio de Hacienda del dinero destinado a los premios Cervantes, Velázquez y Nacionales, fuera concedido a un profesor de discurso trivial, limitado y obsoleto? ¿Cómo explicar, en una época en la que la mayoría de la población sufre los estragos de la crisis, la corrupción en todas sus variantes, la ideologización, la manipulación y la sugestión informativa, que el autor de un libro insignificante haya recibido 20.000 euros con el Premio Nacional de Ensayo?

 

El jurado del Premio Nacional de Ensayo 2016, presidido por el director general de Política e Industrias Culturales y del Libro, José Pascual Marco, tendría que explicar qué criterios y argumentos fundamentaron su veredicto. Quizá el sr. José Pascual Marco no conocía los trasnochados fundamentos filosóficos de la obra del profesor Esquirol, y tal vez tampoco conociera los ensayos que ese mismo año, según nuestro criterio, superan en méritos a La resistencia íntima: ensayo de una filosofía de la proximidad. (Acantilado. Barcelona: 2015). Un errático criterio no superado por la vicepresidenta, subdirectora general de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas, Mónica Fernández, y menos si cabe por los otros miembros del jurado, entre ellos los autores galardonados en 2014 y 2015, Adela Cortina y José Manuel Sánchez Ron, el designado por la Real Academia Española Miguel Sáenz Sagaseta, y Xosé Henrique Monteagudo, por la Real Academia Gallega, así como Jon Sudupe, por la Real Academia de la Lengua Vasca; Marta Pessarrodona, por el Instituto de Estudios Catalanes; Juana Vázquez, por la Asociación Colegial de Escritores de España (ACE); Rafael Núñez Florencio, por la Asociación Española de Críticos Literarios; Ignacio Gil, por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE); Teresa San Segundo, por el Centro de Estudios de Género de la UNED; y Javier Gomá, por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

 

La resistencia íntima: ensayo de una filosofía de la proximidad (Acantilado, 2015)

El ensayo de Esquirol sigue de cerca la loa a la Naturaleza que inaugura, en tiempos modernos, el pedagogo suizo Jean-Jacques Rousseau (Ginebra, 28 de junio de 1712 - Ermenonville, 2 de julio de 1778), por consiguiente, Esquirol denuncia los factores disgregadores que las personas experimentan en el medio social. Es claro que Esquirol sigue de cerca también las tesis de muchos críticos de la cultura postmoderna; pero a diferencia de ellos se arroga el poder resolver el desamparo humano nada más pero también menos que con una propuesta existencial. El sonrojo de un estudiante de primer curso de filosofía vendría al advertir que Esquirol reivindica un modo de vida de ama de casa de siglo XIX,  por decirlo así, ya que reivindica aquellos ámbitos y costumbres opuestos a la tecnología postmoderna.

 

En suma, para Esquirol «el hogar y lo cotidiano son barreras (óptimas) contra los argumentos que exaltan lo novedoso». Tesis semejantes, claro está, no solo no son originales, por haber sido reivindicadas de mejor manera y hace decenios por autores como el recientemente fallecido Zygmunt Bauman, Gilles Lipovetsky, Jean-François Lyotard, Jürgen Habermas, Gianni Vattimo o Jean Baudrillard. Habría que agregar a las tesis sociológicas, la singular mathematización del discurso Capitalista por Jacques Lacan, aportación que el psicoanalista parisino presentó el año 1972, en la Universidad de Milán, y que da luz a muchos de los aspectos que describen los autores de la posmodernidad.

Esquirol quizá anhela poner freno al avasallamiento que sufre el sujeto posmoderno por parte de los discursos de dominio en la actualidad: el amo neoliberal postmoderno, implacable en la era de la globalización, así como los nacionalismos que siguen los pasos del narcisismo de las pequeñas diferencias, no menos que la espiritualidad y esa nueva forma de religiosidad que es el discurso científico. Pero Esquirol tendría que citar las fuentes en las que bebe, condición ésta que pondría de manifiesto lo trasnochado, ideológico e inoperante de su propuesta. Por otra parte, todos estos discursos de dominio, como demostró el Dr. José Miguel Pueyo en su último libro, La otra escena de la corrupción. Familia y sociedad en el destino personal: Jordi Pujol i Soley, son la antítesis de la ética del bien-decir-del-síntoma en la que se fundamenta la clínica psicoanalítica, así como de un discurso, el psicoanalítico, que es el único que permite al sujeto contemporáneo desalienarse de los significantes amos que rigen su vida, y, si tal es el caso, disolver los síntomas que describe la psicopatología.

 

Esquirol no desentraña la canallada de los amos en la posmodernidad, pues ahí siguen en su pedestal de poder, bien parapetados por el marketing y la connivencia (subvencionada en muchos casos) de los medios de comunicación. Y menos utilidad aún tiene este libro a la hora de poner freno a la pulsión de muerte, pulsión que se manifiesta en las diversas maneras de gozar del sujeto en la posmodernidad, o, para decirlo con palabras de Lacan, el libro es impotente respecto a lo Real del goce y, por tanto, para posicionarse subjetivamente de manera distinta y, en definitiva, para evitar ser gozado por el Otro y los otros ahí donde uno narcisísticamente imagina que goza. En resumen, La resistencia íntima: ensayo de una filosofía de la proximidad nada aporta a lo ya conocido, es más lo agrava por incidir en lo ideológico y superado.

 

Propuestas Josep María Esquirol para sujeto contemporáneo

Esquirol no explica qué es el sujeto humano, ni siquiera se pregunta cómo se conforma en lo que es, ni qué objetos y/o ideas produce para mantenerse en la realidad. Pero a imitación de otros intelectuales no duda presentarse ante la opinión pública con los ropajes del humanismo. Le tiene sin cuidado también los factores que han propiciado el declive de las Humanidades y quién se beneficia del mismo. Así fue también en el ciclo de conferencias del mes de enero de 2017 La filosofía y el sentido de la vida, en Girona. Lo dramático del caso, por decirlo así,  es que nadie entre el público indicó lo obsoleta de la propuesta del profesor Esquirol. Todo allí fueron reiteraciones de la más antigua y superada moral de los ideales, y aun en ese ámbito ideas sin definir, y un sinfín de palabras huecas.

 

Trivial fue la diferencia que pretendió establecer Esquirol sobre los grandes constructos metafísicos y la filosofía moral de la Hélade, aspecto no menor teniendo en cuenta que se trada de un profesor de filosofía, en este caso de la Universidad de Barcelona, y que dirige el grupo un grupo de investigación Aporía. Eludió toda referencia a la filosofía práctica, que él sigue de cerca, así como a la renuncia a la pulsión, panegírico de muchos socráticos menores. Tampoco tuvo a bien mencionar otras fuentes de su discurso, como, por ejemplo, los conceptos relativos al «cuidado de sí» o la «consolatione vitae», necesarios para entender cómo han visto los filósofos al sujeto humano y su realización ideal. Mencionó Esquirol, eso sí, a Hegel, pero no sirvió para nada, ya que omitió la dialéctica del amo y el esclavo, esto es, obvió la idea que podría haber dado luz a la relación entre el sujeto y el Otro (pensamiento inconsciente) que lo determina. Tampoco existió la referencia al ser-para-la-muerte, y nada se escuchó del circuito imaginario y narcisista que va de Descartes a Francis Fukuyama, pasando por Leibniz y Hegel. Mencionó al estructuralismo, pero como en otras ocasiones Esquirol no supo establecer las ideas básicas de sus principales representantes, ni menos aún formalizar la introducción del sujeto en ese ámbito por Jacques Lacan. Y siguiendo lo precedente, Esquirol tampoco analizó el célebre apotegma griego, atribuido a Heráclito, γνῶθι σεαυτόν, gnóthi seautón, inscrito, según el periegético Pausanias, en el pronaos del templo de Apolo en Delfos.

 

Sin duda lo peor de aquel ciclo de conferencias es que Esquirol se ventilara al psicoanálisis de un plumazo, pero quizá en su disculpa pueda decir que no sabe más. Prueba de ello es que mencionó muy de pasada la segunda tópica freudiana (Ello, Yo y Superyó), y en ningún momento se refirió al inconsciente, esto es, la instancia psíquica que, como descubrió el primer psicoanalista, determina cuanto desea, piensa y hace el sujeto humano.

 

La omisión del concepto de inconsciente fue correlativa a la repetición de la palabra alteridad. Pero en ningún caso Esquirol definió qué entendía por alteridad, aunque puso ejemplos, «Veo a mis hijos muy otros», «no me comprendo a mí mismo», «no comprendo a los otros». El punto más inquietante fue cuando, paradójicamente, y quizá sin saberlo, dado que el ponente no advirtió que eran descubrimientos de Sigmund Freud, planteó tres tesis freudianas, que siendo cuestiones básicas y fundamentales fue incapaz de desarrollar:

 

• No soy transparente a mí mismo.

• Es imposible entenderse uno mismo.

• La alteridad me construye a mí mismo.

 

En las preguntas que formularon algunos de los presentes, cuatro en total, se evidenció una identificación del público al síntoma de la alteridad. Y así, uno a uno, preguntaron por la alteridad sin que sus preguntas pudieran ser despejadas por el conferenciante.

 

 

José Miguel Pueyo y Jordi Fernàndez

Girona, 5 de febrero de 2017